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Quemaduras en verano: cómo actuar, qué evitar y cómo ayudar a la piel a recuperarse de forma natural

El verano nos invita a pasar más tiempo al aire libre, compartir comidas con amigos y familia, disfrutar de las vacaciones y aprovechar al máximo los días largos y soleados. Pero esta época del año también conlleva pequeños accidentes que son más habituales de lo que parece.

Un exceso de sol, una salpicadura de aceite mientras cocinamos, una barbacoa, una plancha demasiado caliente o un descuido durante la noche de San Juan pueden acabar provocando una quemadura leve. Aunque la mayoría no son graves, saber cómo actuar desde el primer momento es fundamental para aliviar las molestias y favorecer una buena recuperación de la piel.

¿Por qué las quemaduras son más frecuentes durante el verano?

Durante los meses de verano aumentan las situaciones que pueden exponer la piel a fuentes de calor o radiación solar. Las actividades al aire libre, las excursiones, las barbacoas, las cocinas exteriores, los petardos o las largas jornadas de playa incrementan el riesgo de sufrir pequeñas quemaduras.

Además, a menudo bajamos la guardia. Una piel que recibe más horas de sol de las recomendadas o un momento de distracción frente a una parrilla pueden ser suficientes para provocar una lesión que, aunque sea leve, puede resultar dolorosa y molesta durante varios días.

¿Qué ocurre en la piel cuando nos quemamos?

Una quemadura es una lesión producida por una fuente de calor, radiación, electricidad o sustancias químicas que provoca un daño en los tejidos de la piel.

En los casos más leves, la piel suele presentar enrojecimiento, sensación de calor, sensibilidad al tacto y dolor. Cuando el daño es algo más intenso, pueden aparecer inflamación o pequeñas ampollas.

La piel es nuestra primera barrera de protección frente a las agresiones externas. Cuando se lesiona, necesita tiempo, hidratación y unos cuidados adecuados para recuperarse correctamente.

Las quemaduras más habituales en verano

Las quemaduras solares siguen siendo las más frecuentes durante esta época del año. Una exposición excesiva al sol, especialmente durante las horas centrales del día, puede provocar enrojecimiento, irritación y una intensa sensación de calor en la piel.

También son muy habituales las quemaduras relacionadas con la cocina y las barbacoas. Las salpicaduras de aceite caliente, el contacto accidental con una sartén, una bandeja recién salida del horno o una parrilla pueden provocar lesiones dolorosas en cuestión de segundos.

Durante la noche de San Juan aumentan igualmente las quemaduras causadas por petardos, bengalas y otros elementos pirotécnicos. En estos casos, la prevención es especialmente importante, sobre todo cuando hay niños cerca.

¿Qué hacer durante los primeros minutos?

La forma en que actuamos inmediatamente después de una quemadura puede influir notablemente en su evolución.

La primera medida es enfriar la zona afectada con agua fresca corriente durante varios minutos. Esta acción ayuda a disipar el calor acumulado en los tejidos y contribuye a limitar el daño.

También es recomendable retirar con cuidado anillos, pulseras, relojes o prendas ajustadas si la zona afectada se encuentra cerca, ya que la inflamación posterior podría dificultar su extracción.

Una vez que la piel se ha enfriado, conviene mantener la zona limpia y protegida para evitar nuevas irritaciones.

Errores que es mejor evitar

Todavía hoy siguen circulando algunos remedios populares que no solo no ayudan, sino que pueden empeorar la situación.

Aplicar hielo directamente sobre la piel quemada es uno de los errores más habituales. El frío extremo puede aumentar la lesión de los tejidos ya afectados.

Tampoco es recomendable reventar las ampollas. Estas actúan como una protección natural que ayuda a la piel a regenerarse y disminuye el riesgo de infección.

Del mismo modo, conviene evitar aplicar sustancias caseras sin criterio, ya que pueden irritar todavía más la zona o dificultar su correcta evolución.

La importancia de cuidar la piel durante la recuperación

Después de los primeros auxilios comienza una fase igualmente importante: la recuperación.

Durante estos días, la piel necesita hidratación, confort y protección. Una piel bien hidratada suele tolerar mejor las molestias, mantiene su elasticidad y favorece los procesos naturales de regeneración.

También es recomendable evitar nuevas exposiciones al sol sobre la zona afectada hasta que la piel se haya recuperado completamente. Cuando una piel recientemente quemada recibe radiación solar, aumenta el riesgo de hiperpigmentaciones y otras alteraciones cutáneas.

Ingredientes naturales y aceites vegetales que pueden ayudar a calmar la piel

La naturaleza nos ofrece diversos ingredientes tradicionalmente utilizados para cuidar las pieles sensibles, irritadas o expuestas a agresiones externas.

El aloe vera es probablemente uno de los más conocidos. Su elevado contenido en agua proporciona una agradable sensación de frescor y ayuda a mantener la piel hidratada. Por este motivo es habitual encontrarlo en geles y productos destinados al cuidado de la piel después de la exposición solar.

Entre los aceites vegetales, el aceite de caléndula destaca por sus propiedades suavizantes y calmantes. Es uno de los más utilizados en cosmética natural para cuidar pieles sensibles, reactivas o que han sufrido alguna agresión externa.

También encontramos otros ingredientes vegetales presentes en numerosas fórmulas cosméticas naturales, como la manzanilla, conocida por sus propiedades calmantes, o la rosa mosqueta, especialmente apreciada por ayudar a mantener la piel nutrida y cuidada durante los procesos de recuperación.

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¿Cuándo es necesario consultar a un profesional sanitario?

Aunque muchas quemaduras leves pueden gestionarse en casa, existen situaciones que requieren una valoración profesional.

Es importante consultar a un profesional sanitario cuando la quemadura es extensa, profunda o afecta a zonas especialmente sensibles como la cara, los ojos, las manos, los pies, los genitales o una articulación.

En niños, personas mayores o personas con problemas de salud que puedan dificultar la recuperación de la piel, es recomendable extremar las precauciones y consultar siempre que existan dudas.

La prevención sigue siendo la mejor opción

La mejor quemadura es la que nunca llega a producirse.

Utilizar protección solar adecuada, evitar las horas de máxima radiación, mantener la prudencia durante las barbacoas y manipular los petardos con responsabilidad son medidas sencillas que pueden evitar muchos incidentes.

El verano está para disfrutarlo. Con un poco de prevención y sabiendo cómo actuar si se produce una quemadura leve, podemos cuidar mejor nuestra piel y seguir aprovechando todo lo que esta época del año nos ofrece.

En Som Salut apostamos por un cuidado consciente de la piel, combinando prevención, hábitos saludables y productos respetuosos con el equilibrio natural de nuestro cuerpo. Si tienes dudas sobre cómo cuidar tu piel durante el verano, estaremos encantadas de asesorarte.